La Piedad de Miguel Ángel
Pues sí, llegamos al vaticano, después de ese largo paseo llegamos a tierra santa. Un decir por considerar que estábamos dentro del Vaticano. La emoción seguía creciendo al igual que los nervios. Hablo sobre esa persona mayor que hacíamos de guía. Paramos un momento frente de la basílica de San Pedro. Obviamente todo le sonaba, lo había visto antes a través de la televisión. No es lo mismo, es más grande, más imponente, más blanca.
Su paso era tranquilo, sin prisas. Tantos años esperando a ese momento y había que disfrutarlo, había que admirarlo para no perder ningún detalle. Y en el fondo lo agradecí, casi siempre vamos acelerados y no sabemos porque. Así que asumí ese ritmo de paso con agrado mientras nos dirigíamos a la entrada de la basílica.
No podíamos perder la expresión de su cara cuando entramos. Alegría, lágrimas, ojos abiertos. Fue toda una sorpresa porque por mucho que te lo cuenten impresiona entrar en la basílica de San Pedro. Su tamaño, su altura, los detalles de la decoración. Hasta el más mínimo detalle refleja la grandeza de Dios. Esa grandeza, que también inspira poder y te hace sentir pequeñito. Pensé que si puede hacerte sentir así a los ciudadanos de hoy en día, con nuestra cultura y educación. Como se debían de sentir las personas de hace 200 años…imagino que justo eso, pequeñitos.
Como no, fuimos a admirar la belleza que se encuentra nada más entrar a la derecha. La Piedad de Miguel Ángel. Realmente hay que ser muy especial para sacar esa figura de un bloque de mármol con martillo y cincel. Además sin desmerecer el arte moderno, admito que no soy un entendido, respeto y admiro los trabajos creativos. Pero te preguntas como no hay nadie que sea capaz ahora de hacer algo parecido de un bloque de piedra, contando además, que ahora podría haber más y mejores herramientas. Vino a mi mente la frase de un profesor de arte que tuve en la escuela: - ¿Qué es un Genio?, no es aquel al que todo el mundo imita. Sino aquel al que no pueden imitar.
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Nuestro viaje no fue promovido por mí. Este viaje comenzó hace muchos años atrás. Comenzó en el deseo de una persona, un sueño, una ilusión motivado por una educación católica. Pero una educación de las de antes, de hace muchos años. Otra época donde España era otra muy diferente y pensar en viajar a Roma era algo improbable. En una época donde una mujer no podía abrir una cuenta en el banco sola, como se podía pensar en viajar.



Pero si queda, el lugar, intacto desde hace cientos de años. Esos lugares donde los primeros colonos españoles decidieron no entrar y los siguientes ejércitos sufrieron su adversidad. Es una gran extensión de terreno cubierto de agua, barro, y matorrales. Toda una llanura de donde se nutre de agua potable la ciudad de Miami. Y otorga un horizonte digno de ver.

















































